Subir al Sur en los medios
El diario Opinión Sur publicó una nota sobre nuestra ONG
Julio de 2011
Por Dolores Sosa
Viajar, conocer nuevas culturas, relacionarse con personas de otros países y realizar un voluntariado. Todo eso es posible a través de Subir al Sur, una ONG que promueve la participación juvenil voluntaria y la educación intercultural a través de proyectos solidarios en todo el mundo.
Cuando las relaciones entre Francia y Alemania se vieron afectadas al finalizar la I Guerra Mundial, los países decidieron reconstruir puentes de diálogo y acción cooperativa entre los pueblos que habían resultado devastados a causa del conflicto. Allí es cuando se da inicio al voluntariado intercultural, un servicio pedagógico de acción- reflexión desarrollado en distintos países del mundo para promover la paz. Hoy, esta línea de voluntariado se convirtió en una oportunidad para que personas de diferentes culturas se desempeñen en forma conjunta en un proyecto solidario y aprendan unos de otros.
“Trabajé durante 20 días en una organización no gubernamental francesa Solidarités Jeunesses en la región de PACA. Originalmente en ese lugar existía una comunidad donde la mayoría de los hombres murió a causa de la II Guerra Mundial. Allí el invierno es muy crudo y las mujeres que frente a esas circunstancias se quedaron solas, debieron realizar el trabajo duro que efectuaban sus maridos. Ante la imposibilidad de sostener la situación, abandonaron el lugar, que años después fue comprado por La Village des Jeunes (miembros de Solidarités Jeunesses) para realizar proyectos de servicio voluntario y promover la integración y la construcción de la paz”, cuenta Solange Estévez, integrante de la Comisión Directiva de Subir al Sur, una organización no gubernamental que promueve la educación intercultural y para la paz, a través de la facilitación de encuentros solidarios entre personas de diferentes regiones del mundo.
La joven explica que cuando arribó al lugar, se encontró con voluntarios de todas las nacionalidades: franceses, alemanes, ingleses, mexicanos, italianos, belgas, estadounidenses, japoneses y chinos. “Se nos convocó para realizar un trabajo ecológico, tuvimos que limpiar un río que se había desbordado a causa de las intensas lluvias del año anterior”, relata Solange, quien acompaña a la organización desde su fundación en 2005. El río, en vez de pasar a un costado de la ciudad, la atravesaba. Entonces, recuerda, se decidió dividir el trabajo en tres grupos: el primero trabajaba técnicamente para evitar el desborde; el segundo, ayudaba a correr piedras y troncos; y el tercero, hacía una labor de concientización acerca de la utilización racional del agua.
Ella sostiene que la idea principal de los encuentros interculturales es “empaparse” a través de la experiencia que dejan distintas iniciativas a nivel mundial, para luego ser aplicadas en los distintos países. Pero además del trabajo comunitario realizado, Solange subraya la importancia de los lazos que se generan con personas de otros lugares, adquiriendo habilidades comunicativas más allá de la palabra.
Cuesta arriba
Subir al Sur es una organización que surge con el objetivo de que los jóvenes o cualquier persona sin necesidad de estudios y de tener un profesión puedan tener una experiencia en relación a un voluntariado, conozcan otros lugares y a otras personas, y promuevan valores como la paz, la no violencia, la justicia, la cooperación y el entendimiento en la diversidad. Para ello, la organización cuenta con proyectos solidarios de corto y largo plazo, en el que participan grupos juveniles, ONGs locales de la Argentina y de todo el mundo. Los programas de corta duración, es decir los encuentros interculturales de cooperación, tienen una vigencia aproximada de 15 días; mientras que los de mediana y larga duración, de un mes a un año.
En el país se trabaja además en Subir al Mundo, una iniciativa que apunta específicamente a jóvenes argentinos para que desarrollen una experiencia de voluntariado en el exterior. Las actividades solidarias varían según el proceso de desarrollo local que apoya cada proyecto de voluntariado intercultural: por ejemplo, en algunos casos la tarea estará vinculada a acciones sociales, artísticas u ecológicas, entre tantas otras. “Se establecen objetivos específicos, luego se conforma el proyecto y finalmente se convoca a voluntarios de todo el mundo, porque la idea es que siempre se conformen equipos con personas locales e internacionales”, explica la integrante de la organización los pasos del proceso de conformación de los programas.
Durante los encuentros de corta duración, la mayoría de las veces los voluntarios tienen cubierto alojamiento y comida. El alojamiento ocurre en centros comunitarios, casas alquiladas o instituciones sobre la cual se realiza el proyecto; y la comida se organiza en equipos formados por el grupo de voluntarios. En Europa y unos países de Asia por ejemplo, en general no es necesario pagar ninguna contribución a la organización socia local para contar con ambos servicios. A través de la política de juventud de los países en donde se desarrolla la actividad, se financian los proyectos. Entonces, los voluntarios que realizan este tipo de experiencia sólo deben pagar el costo de su pasaje hasta llegar al lugar de encuentro.
En países de África y América no sucede lo mismo. Allí se solicita, en general una contribución que sirve para financiar alojamiento y comida, además de materiales, transporte y gastos administrativos, entre otros. El costo puede variar entre los USD 150 y USD 350 para todo el proyecto. La realización o no de contribuciones dependerá de la situación económica del país, de las políticas de juventud y del nivel de desarrollo que exista.
Lo más importante de los encuentros interculturales es que disminuyen los niveles de prejuicio, “de cómo es aquel otro”, dice la joven integrante de Subir al Sur. “Todos los chicos duermen en un mismo establecimiento, comparten situaciones comunes, una labor y cronogramas de trabajo; y además tienen tiempo libre para adquirir conocimiento sobre la historia y situación cultural y social de la región en la que se está trabajando”, agrega.
Subir al Sur es una organización que articula voluntarios de distintos lugares del planeta interesados en participar de un proyecto social, cultural o ecológico, entre otros, y organizaciones que deseen llevar a cabo iniciativas según las necesidades específicas que se generen en su lugar. Así, en 2010, 21 voluntarios internacionales se sumaron a cinco proyectos en el país de medio y largo plazo; ocho en un encuentro intercultural y once voluntarios argentinos participaron en proyectos en India, Reino Unido, Francia y Catalunya para promover la paz y el desarrollo.
Jóvenes del mundo
Algunos colaboraron en la construcción de un tanque de agua en una comunidad nepalí; otros participaron de un proyecto de mantenimiento de un castillo en un suburbio alemán junto a jóvenes europeos y asiáticos; y otros trabajaron en la realización de actividades recreativas en un centro de refugiados de Holanda. Estas son solo algunas de las actividades que realizaron aquellos jóvenes que decidieron formar parte de un proyecto comunitario y acercarse a otros no sólo para conocer acerca de sus necesidades y culturas, sino además para promover su propio autoconocimiento como personas.
Desde la organización argumentan que formar parte de un proyecto comunitario genera y asienta valores a través del respeto de las culturas que se encuentran en convivencia, fomenta la responsabilidad grupal e individual para el logro de los objetivos del proyecto y promueve la solidaridad más allá de las fronteras. También, mencionan que durante los programas los chicos se dan cuenta que otras formas de comunicación son posible y que se generan lazos de acción y conocimiento en temáticas como democracia, exclusión social y económica, medio ambiente, entre otros.
“Es un viaje transformador para tu vida y para tu visión del mundo”, afirma Solange. Ella sabe que desde su origen, Subir al Sur tiene que ver con cambiar la mirada, con moverse, con ir hacia ese otro lugar donde cambiar el punto desde donde uno se apoya y se sostiene. “Tal vez ir a otro lado te hace dar cuenta que existen otras formas de pensar, vivir y sentir, que todo puede ser distinto”.